Odio a la gente que se olvida de todo de un día para el otro. Odio esas personas que pueden dar ese paso que yo nunca pude y borrar todo como si nunca hubiera existido. Como si no nos hubiéramos conocido. Odio guardar las cosas por años dentro de mis recuerdos y dentro de mi corazón, odio no encontrar a nadie entre tanta gente. Odio siempre ser la rara y olvidarme como suena mi voz. Odio esperar sin recibir nada a cambio y darme cuenta que el mundo no para, el tiempo no para y si no podés con eso pues lo siento mucho, nadie va a parar para vos.
No sé si el tiempo es propio de nuestra conciencia, no sé si existe de verdad, no sé quién pueda comprobar si todo es una foto o vá al ritmo de un tic-tac (o vá al ritmo de un tic-tac). ¿Pero qué diferencia hay? Si de la conciencia no nos podemos librar. Esa guía innata y leal que vos bien sabés, no siempre podemos respetar. No siempre podemos.
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martes, 29 de noviembre de 2011
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