Ir a la biblioteca, es una frase, una idea que en la escuela suena mucho pero nunca dice nada. Ir a la biblioteca suena nerd, suena a Lisa Simpson, a la prehistoria diría. A todos nos dicen que podemos ir a la biblioteca, que es gratis y te podés asociar, que hay muchos libros, que te podés llevar el que quieras, sin embargo nunca conocí a alguien que vaya a la biblioteca. Es como un concepto que no es compatible con la adolescencia, entra por un oído y sale por el otro.
Como los discursos del 9 de Julio o 25 de Mayo, como las explicaciones de biología de 3ro -por tercera vez- hoy la idea de "ir a la biblioteca" no siguió de largo por el colador. Hoy la idea de asociarme a la biblioteca me gustó, las palabras de la profesora no fueron un ruido o un contratiempo para seguir con mis dibujos de ratones y dinosaurios, y cuando terminó la clase averigüé a cual podía ir.
Este año muchas cosas las cuales antes me eran imposibles siquiera poder escucharlas, me están empezando a llamar la atención. No sé qué es lo que hacía que no pudiera concentrarme o interesarme en nada, pero hace un tiempo que me estoy dando cuenta que estoy cambiada. Tal vez porque ya no tengo amigos, o las circunstancias que parecen estar congeladas ameritan a que busque nuevas salidas o nuevas cosas que hacer con mi tiempo. Todos necesitamos algo que nos interese, que nos cautive el interés, que nos llene el tiempo, y ahí estoy yo, buscando por el lado que un 99% de los chicos de mi edad detestan: cultura general.
Siempre tuve esa tendencia a buscar o hacer lo que a los demás les parece raro o les desagrada, pero ahora me parece que cada vez soy más extremista.
Es como cuando estás en el GTA y te confundís de lado, y en vez de avanzar hacia el punto de la misión vas en el sentido contrario -atropellando peatones-. Así me siento yo. Lléndome cada vez más lejos del lugar común, y ahí vuelvo al tema de la cultura general, que ya no es tan general y tendría que renombrarlo 'literatura'.
Ahí estoy yo, rara como siempre, pero gracias a quién sabe qué suma de qué cosas, me voy hacia el sur y no hacia el norte. Porque el Norte, en mi idioma, viene de No. Viene de Natalia, y de Carlos. Viene de Carlos, Carlos, Carlos.
Entonces me alejo lo más posible de Carlos, tal vez lléndome a la biblioteca, inconcientemente porque sé que es el extremo contrario, y por dios. Asegurándome de no darle la vuelta al mundo y terminar ahí. En mi no.
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