Creo que ésto no es cuestión de tiempo y hay trabas que nunca voy a poder vencer. Hay palabras que nunca voy a saber ubicar en el momento justo y hay un montón de momentos que no me animo a hablar porque no se qué decir. Me quedo mirando y no respondo, no pincho ni corto porque no tengo opinión; recién más tarde me doy cuenta cuando pienso por qué estoy más sola de lo que debería. Muchas veces quiero hablarte, molestarte, decir/escribir mil cosas pero no lo hago porque no le veo sentido. Ya perdí la cuenta de las veces que soñé gritarte todo en la cara y que sepas que me duele, que fué el peor año de mi vida, que quiero volver a lo de antes que lo extraño y que te culpo por todo lo que tengo que ser. Y si de llorar por callar mis dudas se trata, podría escribir un libro. Desde cosas que me entero sin querer queriendo o cosas que yo misma exagero. Buscar donde ya no hay, por re inventar, por comparar, si lo habré hecho. Pero quién me va a convencer que soy mejor, que puedo y que tengo el derecho, si yo sé mejor que nadie que a pocos les interesa los que más pocos dicen.
No sé si el tiempo es propio de nuestra conciencia, no sé si existe de verdad, no sé quién pueda comprobar si todo es una foto o vá al ritmo de un tic-tac (o vá al ritmo de un tic-tac). ¿Pero qué diferencia hay? Si de la conciencia no nos podemos librar. Esa guía innata y leal que vos bien sabés, no siempre podemos respetar. No siempre podemos.
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domingo, 7 de febrero de 2010
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