No sé si el tiempo es propio de nuestra conciencia, no sé si existe de verdad, no sé quién pueda comprobar si todo es una foto o vá al ritmo de un tic-tac (o vá al ritmo de un tic-tac). ¿Pero qué diferencia hay? Si de la conciencia no nos podemos librar. Esa guía innata y leal que vos bien sabés, no siempre podemos respetar. No siempre podemos.

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martes, 24 de noviembre de 2009

La solución está en limitarme.
Limitarme los sueños, la imaginación, cortarme las alas.
Después de todo, inventar y proyectar es lo que me aleja de la realidad: de lo que si está y si me hace bien cuando estoy despierta.
Y no digo que me aleja porque suena bien, me aleja literalmente, no sé distinguir entre lo que siento y lo que quiero sentir, lo que me conviene, lo que estaría bueno.
Porque después de tanto examinar cualidades agenas me cuesta mucho volver a tierra firme y encontrar las que venían conformando mi presente hasta ahora.
¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Y por qué?
Vos sos más fuerte que todo eso pero la vida a lo El tunel o incluso a lo Abzurdah no estaría nada mal.
Desde ése punto de vista que todo es mil veces más fuerte y llorar no significa un par de lágrimas que nadie vé, si no, millones empapando cuadernos, sábanas, pisos, ahogarme que me falte el aire y desmayarme.
Como alguna vez lo hice cuando me sentí influenciada por libros, textos, personas, fotos, etc.
Soy muy influenciable, pero peor que ser influenciable es meterme tanto en los personajes y apropiarme de todos los contras.

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